Generales Escuchar artículo

Derribó 80 aviones: desaprobó su primer examen como piloto, pero se convirtió en el más temido de la aviación alemana

Ver una mancha roja en el cielo era una mala noticia en la Primera Guerra Mundial. Eso significaba que, detrás de las hélices, estaba pilotando el aviador más sanguinario de la época: Manfred v...

Derribó 80 aviones: desaprobó su primer examen como piloto, pero se convirtió en el más temido de la aviación alemana

Ver una mancha roja en el cielo era una mala noticia en la Primera Guerra Mundial. Eso significaba que, detrás de las hélices, estaba pilotando el aviador más sanguinario de la época: Manfred v...

Ver una mancha roja en el cielo era una mala noticia en la Primera Guerra Mundial. Eso significaba que, detrás de las hélices, estaba pilotando el aviador más sanguinario de la época: Manfred von Richthofen, apodado el Barón Rojo, o “Diablo Rojo", por el color en el que había pintado su avión.

Aunque Manfred había desaprobado su primer examen de vuelo, su destino fue el éxito bélico. Coleccionó un trofeo por cada avión derribado, con una actitud tenebrosamente deportiva por matar. De hecho, fue el piloto con más victorias a su nombre del conflicto; su vuelo causaba temor hasta en los más valientes.

Un alma sanguinaria: el desastroso comienzo del Barón Rojo como piloto

Nacido en 1892 en el seno de una aristocrática familia prusiana, Manfred von Richthofen fue destinado a la carrera militar desde los 11 años, por deseo de su padre. Rebelde por elección, terminó su formación con un desarrollo mediocre y, cuando comenzó la Gran Guerra en 1914, llevó el mando en las filas de la caballería Uhlan. Sin embargo, la estrategia de trincheras del frente occidental pronto dejaron sin propósito a sus caballos. Relegado a tareas de intendencia que no se ajustaban a su espíritu, Manfred solicitó su traslado al Servicio Aéreo en mayo de 1915.

Por más que la nueva tarea se adaptaba más a su forma de ser, ya que tendía a buscar el riesgo, Richthofen no logró aprobar su primer examen de vuelo porque dañó su avión al aterrizar, tal como indican desde el gobierno de Reino Unido.

De cualquier forma, Richthofen no era de los que cedía, y persistió. Tal fue así que, a finales de 1915, obtuvo su licencia como piloto militar.

“Me entregué al trabajo con mi cuerpo y alma, hasta que, después de 25 vuelos, pude hacer la prueba y pasarla”, se puede leer en los diarios personales que escribió el piloto durante el conflicto que enfrentó al imperio alemán y Austria-Hungría contra Francia, Inglaterra y el imperio ruso.

Un trofeo por avión derribado: el punto de inflexión en el aire

La gran oportunidad en su carrera ocurrió en agosto de 1916 cuando el legendario Oswald Boelcke, el primer gran aviador militar alemán, que entonces lideraba el conteo de victorias, conoció al joven y vio algo en él. No estaba equivocado y el tiempo le daría la razón: su alumno lo iba a superar.

Inmediatamente lo reclutó para su nuevo escuadrón de combate, el Jagdstaffel Nr. 2. “Boelcke decía que mataba a uno o dos ingleses cada día antes de desayunar”, expresaba con admiración Richthofen en sus diarios. Vale marcar que en este año el conflicto bélico se tornó más oscuro, principalmente por concentrar dos de las batallas más largas de la historia (los frentes en Verdún y en Somme), lo que le valió la denominación del “año del desgaste”.

Luego de una instrucción personalizada a cargo de Boelcke, en la que les enseñó a sus soldados todo lo que había aprendido, el escuadrón comenzó a volar. Eran todos inexpertos, pero en su primera misión en la ciudad francesa de Cambrai, Richthofen se destacó por sobre sus compañeros al derribar un avión inglés, un FE-2B. Tantos meses de persistencia le permitieron llegar al éxito con esta primera victoria el 17 de septiembre de 1916.

Para conmemorar la ocasión, Richthofen encargó una pequeña copa de plata: quería recordar para siempre cada avión derribado. Esta rutina macabra de premiarse la continuó hasta alcanzar las 60 copas. Luego de esas, no hubo más trofeos, aunque no por escases de victorias, sino por la falta del metal que sufría Alemania debido al bloqueo naval: por más que el joyero le ofreció otros materiales, Richthofen prefirió no hacerlo, como si eso bajara el valor de sus conquistas.

El terror en el cielo: pintó su avión del color de la sangre para que lo reconocieran

Tras su decimosexta victoria, Richthofen fue nombrado comandante de su propio escuadrón, el Jasta 11, y condecorado con la Orden de Mérito, el más alto honor militar alemán. Fue en este momento cuando ordenó pintar su avión de un rojo vibrante para que los enemigos lo reconocieran en el aire y lo temieran.

Su fama había crecido de tal manera que los británicos llegaron a formar lo que él llamaba en sus diarios el “Escuadrón Anti-Richthofen”. Luego de la muerte del capitán Ball, el inglés que lideraba ese “club para asesinarlo” —quien había sido derribado por el hermano del Barón Rojo, que también pilotaba aviones—, Richthofen creyó que era imbatible: “Creo que los ingleses ahora abandonarán su intento de atraparme. Lo lamentaría, pues en ese caso, perdería muchas oportunidades de hacerme ‘querer’ por ellos“.

Nunca había sido herido de gravedad. Solamente, había tenido algunos daños menores, como una herida leve en su meñique cuando intentaba señalarle a su compañero el lugar donde había caído su bomba y la hélice lo cortó. Sobre ese día, y de forma muy macabra, escribió: “Un buen día partimos con nuestro gran avión de batalla para ‘deleitar’ a los ingleses con nuestras bombas. Alcanzamos nuestro objetivo. Cayó la primera bomba. A uno siempre le gusta verla explotar. Desafortunadamente, mi gran avión de combate tenía una peculiaridad estúpida que me impedía ver el efecto del lanzamiento: inmediatamente después de soltarla, la máquina se interponía entre mi ojo y el objetivo, cubriéndolo por completo con sus planos. Esto siempre me ponía furioso, porque a uno no le gusta que lo priven de su diversión“.

Sin embargo, el destino le asestó un golpe en julio de 1917, cuando una bala astilló su cráneo durante un combate. Aunque regresó al aire, el impacto pareció transformar su carácter, volviéndolo un hombre introspectivo. En 1918 confesó que ya no se reconocía en la persona que solía ser antes de la herida.

80 derribos y un funeral con honores enemigos: el último vuelo del sanguinario

Para comienzos de 1918, cuando ya se había consolidado en el aire e incluso los ingleses habían establecido la RAF (Royal Air Force), el Barón parecía haber recuperado su forma, y llegó a derribar 17 aviones entre marzo y abril, lo que elevó su cuenta total a 80 victorias. Su encuentro final ocurrió sobre la región del Somme -una de las más calientes en el conflicto bélico- el 21 de abril.

Su escuadrón de cazas se enzarzó en un combate mortal con los aviones de la RAF. Mientras volaba a baja altura sobre las líneas británicas, su avión fue derribado. Más tarde, se descubrió que el Barón había muerto por una sola bala. Aunque el debate sobre quién disparó continúa hasta hoy, el consenso sugiere que el proyectil fatal provino desde tierra.

El avión se estrelló en un sector controlado por las fuerzas australianas, donde los soldados lo despojaron de sus insignias de guerra. De cualquier forma, al día siguiente, el enemigo que tanto lo había temido le rindió el último honor: Manfred von Richthofen fue enterrado por los Aliados con todos los honores militares, en una ceremonia conducida por el Escuadrón No. 3 del Cuerpo Aéreo Australiano.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/derribo-80-aviones-desaprobo-su-primer-examen-como-piloto-pero-se-convirtio-en-el-mas-temido-de-la-nid11052026/

Volver arriba