FranRamirxz, de bailar para Duki y Tini a los proyectos como DJ
De lo individual a lo colectivo. Casi como el paradigma donde se planta su modo de encarar el trabajo, FranRamirxz genera su propio espacio. En tiempos donde la música puede ser una sucesión de s...
De lo individual a lo colectivo. Casi como el paradigma donde se planta su modo de encarar el trabajo, FranRamirxz genera su propio espacio. En tiempos donde la música puede ser una sucesión de singles, la pista de baile se potencia como una de las situaciones en donde se puede construir la experiencia colectiva. Y hacia allí fue el camino de Francisco Ramírez, este artista nacido hace 25 años en Villa Ballester.
Su recorrido dentro de la música empezó mucho antes de acomodarse en la cabina de DJ. Comenzó con algo mucho más físico. Su primera herramienta fue el cuerpo. Se formó y trabajó como bailarín, participando en proyectos para Disney y en videoclips de artistas como J Balvin, Duki y Tini, entre otros. Esa etapa no solo lo acercó al mundo profesional, sino que le dio una forma particular de entender la música: desde lo físico, lo escénico y la energía del público.
“El contacto constante con la industria —ensayos, rodajes y escenarios— fue moldeando su sensibilidad artística. Con el tiempo, esa cercanía se transformó en curiosidad, y esa curiosidad en decisión: empezar a explorar la música desde otro lugar. Así fue como, casi sin planearlo, se encontró frente a una consola”, dicen desde su productora. “Tres años después, esa exploración se convirtió en su presente. Como DJ, Francisco construye sets donde lo corporal sigue siendo central: no piensa la música solo como sonido, sino como movimiento, como narrativa en la pista”.
Uno de los momentos más significativos de su recorrido reciente fue su participación en la Marcha del Orgullo LGBT de Buenos Aires, donde llevó su propuesta a un espacio cargado de identidad y expresión colectiva. Ahí, su vínculo con el reggaetón toma otra dimensión: no solo como género, sino como territorio en transformación. En una escena históricamente dominada por ciertas lógicas, su presencia propone nuevas formas de habitar la cabina y la pista.
“En un género como el reggaetón, que durante años no estuvo vinculado a la comunidad LGBT+, mi búsqueda apunta a abrir nuevos cruces desde la pista, incorporando sonidos como el neoperreo en circuitos donde todavía resultan novedosos”, explica.
Esa misma búsqueda lo llevó a participar en instancias clave dentro de la industria, como la presentación de la pre-escucha de Mor, No Le Temas a la Oscuridad, el álbum de Feid. Hoy, su rol dentro de Polenta no es solo el de DJ, sino también el de curador musical. Desde ese lugar, trabaja activamente en la búsqueda de artistas emergentes alrededor del mundo, con el objetivo de construir una identidad sonora en constante evolución. En paralelo, es creador de ZONDER, un ciclo que fusiona dancehall, hip hop, afrobeats, R&B y sonidos globales, y que logró consolidarse dentro de la escena con fechas a sala llena, incluyendo su paso por Niceto Club.
Lejos de seguir un camino lineal, su recorrido —que cruza danza, industria y cabina— le permite moverse con naturalidad entre distintos lenguajes. En un momento donde ser DJ puede significar muchas cosas, su enfoque parece claro: “no se trata solo de pasar música, sino de entender qué pasa cuando la gente se encuentra a bailar, y cómo esa energía puede transformarse en algo más”.