La noche en Ceuta tras el ingreso masivo de migrantes: refugios colapsados y tensión con la policía
CEUTA.- La ciudad autónoma de Ceuta, ubicada en la frontera con Marruecos pero parte del territorio de España, tiene 84.000 habitantes. Esta semana (con su mayor pico el jueves) ...
CEUTA.- La ciudad autónoma de Ceuta, ubicada en la frontera con Marruecos pero parte del territorio de España, tiene 84.000 habitantes. Esta semana (con su mayor pico el jueves) ingresaron de manera irregular al enclave 50.000 migrantes. Esto equivale al 60% de la población habitual de este pequeño territorio de 18,5 km².
Se trata de una de las mayores crisis migratorias de España, que obligó el despliegue del Ejército. Las llegadas no cesaron durante la noche y continuaron este viernes por la mañana. En total, 41 personas fallecieron intentando alcanzar nadando desde Marruecos.
Cuando cayó la noche, los galpones industriales de la localidad marroquí de Tarajal, en la frontera, dejaron de ser depósitos y se convirtieron en refugios improvisados. Cientos de jóvenes, en su mayoría marroquíes, ocuparon el asfalto, las veredas y los rincones para pasar la noche a la espera de una oportunidad para cruzar a España. Algunos durmieron sobre cartones; otros permanecieron despiertos, conversaron, comieron lo que tenían o simplemente observaron las rejas que los separan de Europa. El calor, la incertidumbre y la tensión convirtieron el lugar en un campamento a cielo abierto.
A pocos metros, las fuerzas de seguridad intentaron ordenar un flujo que por momentos parecía imposible de contener. Colectivos llegaron para trasladar a grupos interceptados, mientras nuevos migrantes continuaban acercándose al perímetro fronterizo. Entre los barrotes coronados por alambre de púas, mujeres y familias esperaron noticias, y del otro lado decenas de jóvenes treparon la valla.
Una camiseta de la selección argentina con el nombre de Lionel Messi sobresalía entre quienes escalaban el cerco en medio de una escena marcada por el cansancio, la desesperación y la expectativa. Durante la noche del jueves la frontera fue el escenario de la presión migratoria: cuerpos agotados, patrullas en movimiento y una ciudad que no durmió.
Ahmed Karim, un marroquí de 33 años, dijo que había cruzado a Ceuta por la falta de empleo en su país. “Muchas personas quieren ir a Europa, a América, pero no tienen la oportunidad”, afirmó.
El viernes por la mañana, las aguas próximas a la valla fronteriza estaban llenas de boyas mientras una multitud de hombres, en su mayoría jóvenes, se aglomeraban cerca del cruce.
Tensión en MarruecosMiles de jóvenes se congregaron el jueves por la noche en el centro de la ciudad marroquí de Fnideq (Castillejos), situada junto a la frontera con el enclave español.
Todavía no quedó claro el motivo de esta repentina oleada de migrantes, principalmente hombres jóvenes y adolescentes. Algunos afirmaron haber escuchado que “la frontera estaba abierta”.
Siguiendo ese llamado, Abdelhakim recorrió “14 km a pie por las montañas” para llegar a las puertas de Ceuta, donde finalmente no consiguió entrar. “Nos dijeron de pasar por el mar. Pero me encontré completamente sumergido y vi a dos jóvenes morir ante mis ojos. Entonces retrocedí y me recordé que tenía dos hijos”, contó.
El contexto recuerda a mayo de 2021, cuando más de 10.000 personas cruzaron la frontera en apenas dos días, aprovechando una flexibilización de los controles por parte de Marruecos durante una disputa diplomática con España.
En la madrugada del viernes, la policía de ese país recurrió a cañones de agua y gases lacrimógenos para dispersar a la multitud que se había congregado en su lado de la frontera. Los jóvenes respondieron con lanzamientos de piedras e incendiaron decenas de vehículos.
Entre quienes esperaban cruzar al enclave de 85.000 habitantes había también mujeres y niños procedentes de Marruecos y del África subsahariana.
Las autoridades marroquíes desplegaron camiones con cañones de agua y reforzaron la seguridad en las puertas de paso, haciendo retroceder repetidamente a los migrantes que intentaban acercarse.
Otro migrante aseguró que se había visto envuelto en una estampida durante un intento de cruce. “Temí por mi vida”, dijo el hombre, que prefirió no dar su nombre, al describir las escenas caóticas de gente empujándose y pisoteándose unos a otros a lo largo de una estrecha ruta costera.
El tráfico colapsó las carreteras de acceso a Fnideq a medida que seguían llegando posibles migrantes, entre ellos menores. Algunos avanzaban con dificultad por la autopista hacia la ciudad hasta bien entrada la noche, mientras que otros tomaban senderos de montaña para evitar los controles.
Fátima Mahli, de 23 años, estaba sentada con sus dos hijas en un trozo de césped junto a la carretera que lleva al paso fronterizo. Esta residente de la ciudad de Tetuán, en el norte de Marruecos, contó que su marido se había marchado antes del amanecer para intentar llegar a nado a Ceuta.
“Pensaba que podría cruzar la frontera a pie. Pero estamos atrapadas acá, sin poder volver a casa. Tenía la esperanza de cruzar en familia, pero mi marido se levantó temprano y se fue primero, a nado”, expresó.
Agencias AP, AFP y Reuters.