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Matías Umpierrez, el artista argentino que triunfa en Europa y estrena en Buenos Aires una impactante propuesta

Seguramente el nombre de ...

Matías Umpierrez, el artista argentino que triunfa en Europa y estrena en Buenos Aires una impactante propuesta

Seguramente el nombre de ...

Seguramente el nombre de Matías Umpierrez no le suene a todo el mundo. Pero para cierto mundillo de las vanguardias escénicas este creador argentino acostumbrado a transitar los bordes ocupa un lugar central. A lo largo de su extensa trayectoria como creador y curador, ha presentado sus propuestas en fábricas abandonadas, bosques o iglesias. También en teatros y museos del mundo. En esta deriva, desde hoy, viernes, luego de su estreno mundial en Madrid y antes de su presentación en México, presentará en Arthaus Play, una investigación escénica sobre los discursos de odio y las narrativas de la hostilidad tan en boga en estos tiempos. La escribió, la dirige y la protagoniza junto a una cantidad de elementos, algunos creados por él mismo, que va manipulando en escena. Se presenta como una conferencia performática, pero también como una instalación. Y como el desmontaje de la sociedad teatral en la que vivimos entre viejos casetes, esculturas, radios, teléfonos, personas, imágenes que forman parte de una especie de “atlas del resentimiento”.

Desde hace años Umpierrez se radicó en Madrid. En 2021, presentó Museo de la ficción I. Imperio, una videoinstalación que ya había exhibido en Moscú, Berlín y San Sebastián, basada en Macbeth. Contaba con un elenco de lujo. Entre otros estaban Ángela Molina, Elena Anaya y Ana Torrent. En Madrid, Play se presentó en una sala del complejo Conde Duque. El Diario afirmó en su crítica que Umpierrez “trabaja en un territorio de vanguardia, pero sin despegar los pies del suelo ni de la realidad”. El País aseguró que con esta nueva “volvía a romper moldes”. Mientras que el diario El Mundo sostuvo que el montaje “lleva al espectador a lugares que no transita el teatro más convencional”.

Aquellas funciones en la capital española las hizo en una sala con capacidad para 300 espectadores. Acá, será en otra con 50 butacas. No le importa. Siente que la proximidad con el público puede jugarle a favor. Hace 13 años que no presentaba un trabajo “teatral” en su ciudad. Lo de teatral hay que tomarlo, casi, como una forma poética. De hecho, Play coquetea con lo performático como con el concepto de instalación. En otros tiempos, hace 20 años, estrenó Novela en la que se transformaba en una especie de Alberto Migré del teatro en una historia en la que se confundía la delicada línea entre la realidad y la ficción. Pero desde hace ya mucho, Umpierrez viene apostando a un tipo de propuesta que escapa a las clasificaciones rígidas.

“Después de aquel trabajo me di cuenta de que el traje del teatro me quedaba un poco incómodo. A veces las disciplinas disciplinan y yo empecé a sentirme un poco incómodo con todo eso. Vengo de una familia migrante, abuelos vascos y padres uruguayos, y eso deja un estado de desarraigo. Mi propio escenario es el Río de la Plata, que ni es de un país ni del otro. Esa falta de centralidad hace que mis obras sean fronterizas. Eso genera que la gente de teatro considere que lo que hago les va a encantar a los de las artes visuales, y son ellos mismos los que aseguran que mi público está entre los del cine. Siempre estoy en ese límite y, en lo personal, me parece interesante”, señala este creador de amplia experiencia en la gestión curatorial.

“Somos parte de una generación que cuestiona los géneros y las corporalidades y me parece que también los artistas podemos reflexionar sobre los cuerpos de las obras. En ese aspecto, el cuerpo de mi producción escénica es uno trans. En lo que hago hay una figura claramente teatral, una estructura de ritualidad que me interesa, pero que no apela a las formas tradicionales de lo teatral. Cruza disciplinas sin ser una obra multidisciplinar”, agrega en un bar de Recoleta, contento de volver a pasear por su ciudad.

El espacio de lo indefinido lo inquieta y lo define. “Me resulta interesante justo en una época en la que pareciera ser que todos estamos obligados a definir, a etiquetar en medio del puritanismo comercial y económico en el que vivimos. Eso es algo que no quiero, no deseo. Vuelvo a la idea madre de todo esto: soy migrante y tengo claro que un migrante puede ser un enemigo, el chivo expiatorio de un conflicto. Es alguien que está por fuera del sistema cultural. Soy alguien que está dentro del sistema como afuera de ese mismo sistema”, reflexiona quien articuló su formación teatral con la licenciatura en Dirección de Arte y Comunicación, en la Universidad de Palermo.

Definitivamente, ese juego de ubicarse por fuera de los casilleros establecidos es lo suyo. Claro que a la hora de profundizar, ese rasgo reconoce que si le preguntaran cómo quisiera ser, suelta algo tan simple como complejo: “Lo único que quiero es que me quieran”. Lo dice, se ríe, pone cara. “Lo más importante de esta época no es la originalidad sino la singularidad”, afirma tras cartón quien se formó estudiando teatro con Rubén Szuchmacher y Julio Chávez. De todos modos, admite que su primer maestro fue su papá, quien todavía tiene un taller de moldes de yeso para la fabricación de cerámica. Desde los 4 o 5 años, el niño Matías Umpierrez se pasó horas y horas en el taller bajo el cuidado de un padre que deseaba que sus dos hijos heredaran el oficio. Ahí aprendió a hacer cosas con sus manos. Coherente con toda aquella enseñanza, todas las piezas escultóricas que están en Play las hizo él. “Hoy por hoy abrazo a mi viejo y tiene olor a yeso. Es tan fuerte todo aquello que en España, como extrañaba esos olores y ese clima, me anoté en un taller de cerámica”, se sincera el artesano y artista performático de las vanguardias.

El paso de hacer cosas con las manos a manipular su propio cuerpo en escena lo investigó en actos escolares del colegio secundario. Fue un proceso natural, aunque no tanto. Cuando les dijo a sus padres que quería ser artista, fueron contundentes: “No, de ninguna manera”. Entonces, se anotó en la universidad como una forma de cumplir con los mandatos. Pero el cuerpo, al parecer, le pedía otra cosa. A escondidas de sus padres, a los 18 años empezó a estudiar teatro.

—O sea que en tus inicios el teatro fue una actividad clandestina.

—Nunca lo había pensado así, pero así fue. Fueron años difíciles.

—¿Cuándo “saliste del placard” y les legalizaste la situación a tus padres?

—Cuando leyeron mi nombre en un diario, en paralelo, algunos conocidos los llamaban para avisarles que había aparecido en un reportaje en la televisión o cosas por el estilo. Así, de a poco, comenzaron a aceptar que eso era posible. En paralelo empecé a entender que se puede vivir del arte sin que te ayude nadie, como me pasó a mí. A mí me protegió mi vocación.

Desde 2009, luego de haber estrenado tres montajes, Umpierrez empezó a viajar. En paralelo, durante 7 años dirigió el departamento de artes escénicas del Centro Cultural Ricardo Rojas, de la UBA. A lo largo de 4 años colaboró con un festival de teatro en Nueva York. De a poco fue entendiendo que podía construir una realidad más global para su trabajo. La primera obra de esa etapa de horizontes lejanos se llamó Teatro SOLO, una intervención site-specific para un único espectador. Luego vino Distancia, una pieza de teatro virtual. En 2016, su nombre apareció en el diario The New York Times como uno de los artistas seleccionados por la Fundación Rolex. Su tutor fue Robert Lepage, artista canadiense que usó la plataforma del teatro para lanzarse a la investigación de otras artes con su compañía Ex Machina. De ahí a irse a instalarse en Madrid fue algo casi natural, orgánico. De cruzar tantas veces el Río de la Plata, empezó a cruzar el Atlántico.

“Todas mis propuestas reflexionan sobre cómo nos relacionamos con la ficción; esa pregunta atraviesa toda mi obra”, reconoce este notable creador. La que presenta en Arthaus sigue esa línea, ese propósito. “Play es un archivo sobre la historia del odio y la ficción. Lo que yo hago, como un artista en su taller, es ir relevando ese archivo" en el que conviven relatos mitológicos, los gestos de un Samuel Beckett o un Jean Cocteau, la historia de la matanza masiva de gatos en la Francia del siglo XVIII o el caso de un adolescente cuya relación con un chatbot de inteligencia artificial terminó en suicidio.

Todo sucede en medio de una escenografía basada en proyecciones, paisajes sonoros, discursos políticos, las esculturas creadas por él mismo y conversaciones telefónicas en las que se usan dispositivos analógicos y digitales. El resultado es una conferencia performática concebida como una instalación.

En este entramado, Umpierrez se convierte en el manipulador de todas estas capas en escena cuyo hilo conector es el discurso de odio, esa “herramienta fundamental, muy poco creativa hasta el momento, para poder crear la idea del progreso”. Y para que esa maquinaria funcione, la figura del enemigo, real o ficticio, es parte constitutiva del andamiaje. Nada que la política desconozca. Tampoco las redes sociales. Mucho menos el cotidiano. La investigación le demandó dos años de trabajo. Tópicos como la incitación a la guerra, al armamento, la autodefensa y el miedo al otro irán apareciendo en este relato performático. En Play, cuenta su creador, no hay menciones directas a las noticias del día. De todos modos, cualquier parecido con la realidad no será pura coincidencia.

Para agendar

Play, de Matías Umpierrez. Funciones: de jueves a domingo, a las 20, hasta fin de mes, en Arthaus (Bartolomé Mitre 434). Entradas: $ 20.000.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/teatro/matias-umpierrez-el-artista-argentino-que-triunfa-en-europa-y-estrena-en-buenos-aires-una-impactante-nid08052026/

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