Primer año de León XIV: la evolución de un papa silencioso que tras el ataque de Trump empezó a rugir
ROMA.- Un año es poco para trazar balances. Y más aún para el pontificado de León XIV, el primer papa nacido en Estados Unidos, el primer papa agustino que, a diferencia de su predecesor, Franc...
ROMA.- Un año es poco para trazar balances. Y más aún para el pontificado de León XIV, el primer papa nacido en Estados Unidos, el primer papa agustino que, a diferencia de su predecesor, Francisco, se mueve en forma lenta, prudente, sin prisa, porque tiene mucho tiempo por delante.
Robert Prevost, nacido en Chicago hace 70 años, pero que fue misionero y obispo en Perú, escucha, reflexiona y luego actúa. Y, como dijo a LA NACION un cardenal que participó del cónclave que lo eligió el 8 de mayo del año pasado, en un año dejó en claro que “quiere implementar esos procesos puestos en marcha por Francisco, pero con su estilo, sobrio, prudente y gentil” y trabajar para la unidad de la Iglesia y la paz en el mundo.
León XIV comenzó su pontificado con perfil bajo, adelantando que no quería ser protagonista, sin gestos disruptivos como los de su informal antecesor argentino. Más tradicional en sus vestimentas, siguiendo el protocolo del Vaticano, no hubo sobresaltos en los primeros meses, sino un regreso a la calma, con escasos titulares y un virtual desaparición de los radares mediáticos. “¿Pero el nuevo Papa americano dónde está?”, se preguntaban muchos romanos.
En agosto pasado, cuando cumplió sus primeros cien días al timón de la barca de Pedro, Darío Menor Torres, vaticanista español del diario El Correo, resumió ese perfil más sosegado al definirlo como un “Papa diesel”.
“A diferencia de Jorge Bergoglio, que se destacaba por su espontaneidad e impulsividad, que llamó a ‘hacer lío’, Prevost ha tardado en arrancar el pontificado... Se toma sus tiempos para los nombramientos, no es provocador y es un líder religioso más pausado y preocupado por promover la comunión y la unidad para calmar las aguas eclesiásticas, agitadas tras el pontificado de Francisco, que tenía un motor a explosión y que en su primer año a los periodistas nos hizo trabajar sin respiro”, evocó a LA NACION Menor Torres.
Pero, a un año de su elección, ha habido una evolución notable. Ese pontificado low profile, que parecía silencioso en un mundo cada vez más en llamas, fue tomando una nueva dimensión. Y la gran paradoja es que ha sido gracias a las políticas belicistas, que según sus críticos van en contra del derecho internacional, del disruptivo presidente de su país, Donald Trump, que además lo arrastró a una confrontación personal, que llevó a que finalmente aparecieran “las garras del león”.
“No quiero entrar en debate, pero no le tengo miedo a la administración Trump y voy a seguir proclamando el Evangelio de la paz”, replicó, firme y sereno León que, al comenzar a “rugir” fue catapultado al centro de la atención mundial y cosechó en la opinión pública una visibilidad hasta ahora reprimida.
“Para los medios seculares, que no siguen al Papa profesionalmente, los ataques de Trump han creado una figura de León que antes no existía. Es muy curioso. Y esos ataques han sido un gol en contra muy grande del jefe de la Casa Blanca”, dijo a LA NACION el sacerdote estadounidense John Wauck, del Opus Dei, que enseña Literatura en la Pontificia Universidad de la Santa Croce.
El veterano vaticanista Robert Mickens, también estadounidense, que vive en Roma desde hace cuatro décadas, coincidió. “Cuando fue electo el 8 de mayo pasado y salió al balcón de la Basílica de San Pedro con un texto escrito, pensé ‘¡qué aburrido que va a ser este pontificado!’, lo cual no significaba que fuera poco interesante“, dijo.
“Pero la verdad es que León fue brillante después de los ataques de Trump: ha sido muy bueno al no intentar enzarzarse en ningún tipo de confrontación con el presidente, como él mismo dijo, ni entrar en una disputa verbal o una pelea. Creo que ha sido sumamente claro al decir: ‘Miren, mi trabajo es orar por la Iglesia y tengo la responsabilidad de guiarla’. No se trata de entrar en conflicto con los líderes políticos. Y lo ha hecho muy bien”, continuó el vaticanista.
Identidad agustina“Desde que salió al balcón de la Basílica, hace un año, a decir ‘la paz esté con ustedes’, León se convirtió en el líder indiscutible global con toda legitimidad sobre la paz”, sumó la teóloga argentina Emilce Cuda, secretaria de la Pontificia Comisión para América Latina, que el papa Francisco convirtió en febrero de 2022 en una de las pocas mujeres con cargo dirigencial en el Vaticano, desde el cual trabajó “codo a codo” con el antes desconocido cardenal Prevost.
Para Wauck este ha sido “un año de descubrimiento”. Si bien para muchos al principio la gran novedad fue que había sido electo por primera vez un papa nacido en Estados Unidos, hasta ahora algo tabú, para él eso “fue una distracción”.
“En realidad su identidad no es ni de Estados Unidos ni de Perú. León es, sobre todo, un agustino, y su identidad es una identidad eclesial, en el sentido de ser hombre de la iglesia y, aunque suene divertido, es probablemente el papa más católico de la historia, en el sentido originario de la palabra, que es ‘universal’”, explicó.
“Universal porque él deja su país, se va de misionero a otro país, con otro idioma, desde ahí va a Roma, donde se vuelve durante más de 10 años prior de los agustinos y viaja a todo el mundo. Después vuelve como obispo a Chiclayo, y vuelve a Roma como jefe de los obispos, donde él tiene que estudiar las diócesis del mundo otra vez. Es una visión que, como preparación para ser papa de toda la iglesia, ningún papa ha tenido”, subrayó este sacerdote nacido en Chicago como el Papa y que estudió en Harvard. “Y desde el punto de vista eclesial es bastante novedoso y me parece mucho más importante que ser de los Estados Unidos, o de Perú”, insistió.
Subrayó, por otro lado, la ventaja de hablar no sólo inglés, su lengua materna, sino también español, italiano, e incluso bastante bien francés y portugués. “Entonces, es una posición envidiable para ser interlocutor en el futuro”, sostuvo.
Mickens resaltó como otro aspecto clave de León XIV que es “al 100% un hombre comprometido con el Concilio Vaticano II”, evento eclesial que buscó abrir la Iglesia al mundo. Fiel reflejo de esto, tras la conclusión del Año de la Esperanza y el cierre de una agenda jubilar heredada por Francisco, León XIV inició su ciclo de catequesis centrado en los documentos del Concilio Vaticano II (1962-65).
“Él es muy del Concilio Vaticano II y proviene, además, de la cultura católica de Chicago, muy diferente a la de la costa este de Estados Unidos, por ejemplo, Boston y Nueva York, donde el ambiente es mucho más clerical. El catolicismo de Chicago es muy sano y muy acorde con el Vaticano II. Y León representa eso. Sus nombramientos en Estados Unidos lo reflejan”, subrayó.
Aludió, así, al cambio en la arquidiócesis de Nueva York, la más importante del país, encabezada durante años por el cardenal conservador Timothy Dolan, ahora en manos del arzobispo Ronald Hicks, una figura en las antípodas, también de Chicago, que vivió en El Salvador y que tiene una relación muy cercana con la comunidad hispana. “León no es el típico cura o obispo estadounidense: él es un obispo misionero, que nunca fue parte del episcopado de Estados Unidos, sino del peruano, es un religioso agustino, entiende a los latinos y todo esto le da gran libertad”, remarcó.
Si bien hubo sectores conservadores que cuando salió al balcón de la Basílica de San Pedro ataviado con la tradicional muceta roja (que Francisco prefirió no usar), se entusiasmaron con una marcha atrás en el proceso de reformas de Francisco, Mickens no tiene dudas de la continuidad.
“Creo que algunos aún se aferran a una esperanza de vuelta atrás, pero en vano. Si bien León es más tradicional en las formas, cada vez hay más indicios de que no va a renunciar a ninguno de los proyectos importantes que inició Francisco. Me refiero a su política ambiental, su política de justicia y paz, su defensa de los pobres y el proceso de sinodalidad de la Iglesia. En todos estos temas él es Francisco e incluso más. Y en cierto sentido creo que va a avanzar más, por su personalidad. Eso es lo increíble de León y lo está haciendo con mucha discreción”, aseguró Mickens, uno de los mejores analistas de cuestiones vaticanas.
“Y una de las cosas que me impresionó cuando se reunió con los representantes de los grupos sinodales continentales fue la forma en que respondió a sus preguntas. Y pensé: esto es extraordinario. Puede que no estés de acuerdo con sus respuestas, pero son sensatas. Es decir, este hombre piensa y escucha, escucha, escucha. Es cuidadoso, muy cuidadoso. Y eso molesta a algunos. No actúa con mucha rapidez y eso molesta a algunos. Pero creo que es una ventaja para la Iglesia”, añadió.
En este marco, resaltó su capacidad de “no agitar las aguas” puertas adentro. “Francisco, como sabemos, enfureció a muchos… No había necesidad, por ejemplo, de que siguiera acosando a los sacerdotes jóvenes que llevaban encaje de su madre o de su abuela en sus vestimentas. Podía decirlo una vez, no tenía que repetirlo diez veces. León ha tenido mucho cuidado de no hacer eso. Y creo que su plan es mantener a la Iglesia lo más unida posible sin sacrificar ninguna de sus verdades ni su doctrina”, remarcó.
“Veo la continuidad con Francisco en dos aspectos: no solamente porque dijo explícitamente que sigue adelante con el programa de Evangelii Gaudium (La Alegría del Evangelio, documento programático de Francisco) y con la sinodalidad, sino porque mantuvo a lo largo de todo un año, salvo pequeñas excepciones, a la curia romana que había sido nombrada por él”, apuntó Cuda.
“León es un gran pontífice, pero además, un gran estratega, porque al comienzo, de un lado y del otro de las posiciones católicas, intentaron apropiarse y resignificar sus mensajes. Pero luego se dieron cuenta que su capacidad de ser pontífice no podía estar encasillada en ninguno de los dos lados y eso es un gran éxito tratándose del Papa”, concluyó.