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River, más de un equipo de volantes: todas las contrataciones en los últimos años y en la zona que más preocupa a Coudet

Aunque generalmente los partidos se definen en las áreas, el control del juego ineludiblemente comienza a partir de la imposición de condiciones en el medio campo. Esa zona implica una serie de r...

River, más de un equipo de volantes: todas las contrataciones en los últimos años y en la zona que más preocupa a Coudet

Aunque generalmente los partidos se definen en las áreas, el control del juego ineludiblemente comienza a partir de la imposición de condiciones en el medio campo. Esa zona implica una serie de r...

Aunque generalmente los partidos se definen en las áreas, el control del juego ineludiblemente comienza a partir de la imposición de condiciones en el medio campo. Esa zona implica una serie de requisitos: desde la técnica de los futbolistas para manejar la pelota y darle el mejor destino posible hasta la capacidad de recuperación, pasando por la dinámica constante y una visión que permita interpretar cuándo avanzar y en qué momento aportar la dosis indispensable de pausa, entre otros aspectos que demanda el desarrollo.

Ahí, en ese sector donde los técnicos eligen poner tres, cuatro o hasta cinco intérpretes, River no logra fortalecerse para ejercer un dominio como demanda su historia. Cambia una y otra vez sin encontrar suficientes respuestas para abastecer a los delanteros con mayor claridad y también colaborar con la última línea para achicar los espacios y retroceder de una manera eficiente que fortalezca a la defensa en el afán por impedir que los rivales aprovechen sus ataques o contragolpes.

Desde que River se consagró campeón por última vez en un certamen de larga duración, la Liga Profesional de 2023 bajo la dirección técnica de Martín Demichelis, nunca pudo volver a ser consistente en el medio campo. Luego de que Enzo Pérez, el uruguayo Nicolás De la Cruz, Rodrigo Aliendro, Esequiel Barco e Ignacio Fernández cumplieran con el repertorio enumerado mediante un 4-3-2-1 que respaldaba a Lucas Beltrán, el conjunto de Núñez careció de un ciclo prolongado en materia de volantes que hallaran una cohesión.

Y eso se vio reflejado en cada mercado de pases. Entre diciembre de 2023 y julio de 2024, sufrió las partidas de Enzo Pérez, enemistado con Demichelis tras el famoso off the record que generó un conflicto irreconciliable, De La Cruz, irreemplazable hasta el día de hoy, y Barco, transferido a Spartak Moscú. En cambio, Aliendro y Nacho Fernández se sostuvieron hasta mediados y fines de 2025, respectivamente, aunque lejos de aquellas versiones trascendentales en el último título correspondiente a un campeonato regular de Primera División para River.

A pocas horas para que River reciba a Rosario Central por la tercera fecha del Torneo Clausura, Eduardo Coudet, que antes de ser DT supo ser un mediocampista que marcó una época en la banda derecha del equipo millonario, necesita imperiosamente el triunfo. No sólo para sumar sus primeros tres puntos en este semestre, luego de dos caídas consecutivas en el certamen y la eliminación en los 16avos de final de la Copa Argentina, sino también para evitar que su permanencia en el cargo corra serio peligro.

La misión principal es ganar, sabiendo que el funcionamiento que pretende difícilmente aparezca, sobre todo porque no podrá contar con el uruguayo Mauro Arambarri ni con Marcos Acuña, lesionados que se suman a la lista que previamente engrosaron Aníbal Moreno y Sebastián Driussi.

En ese contexto, el Chacho deberá evaluar quién será el lateral izquierdo, siendo el juvenil Facundo González y Lautaro Rivero los candidatos, así como también cómo diseñará el medio campo, la zona donde mayores complicaciones experimentó desde su asunción, el 4 de marzo. Al igual que sucedió durante los últimos meses de Demichelis y en prácticamente toda la segunda etapa de Marcelo Gallardo, Coudet fracasó en el intento de construir una identidad a partir de los volantes. Probó distintas fórmulas en cuanto nombres, casi siempre con el 4-1-3-2 como dibujo táctico, pero no tuvo éxito para dominar los partidos.

La problemática queda en evidencia a lo largo de los últimos tres años cuando se repasan las incorporaciones. Kevin Castaño, solicitado por Gallardo, y Rodrigo Villagra, con Demichelis al mando del plantel, son los exponentes de malas negociaciones en cuanto a plazos y montos desembolsados, pero en la otra vereda también resultaron un fiasco aquellos cuyos arribos fueron a costo cero en sus pases, tal es el caso de Manuel Lanzini, el paraguayo Matías Rojas y el retorno de Enzo Pérez, libres de West Ham United, Inter Miami y Estudiantes de La Plata, respectivamente.

Tampoco ofrecieron soluciones los que se unieron por una inversión a precio bajo pero con un currículum interesante, como Maximiliano Meza, Gonzalo Martínez en su segunda etapa, Giuliano Galoppo, hoy integrante del famoso container del predio de Cantilo, y otro paraguayo, el mundialista Matías Galarza Fonda. Ninguno pudo asentarse. Incluso muchos de ellos sufrieron lesiones sistemáticamente hasta llegar al desenlace de que el club acordara las rescisiones de contrato. Ni siquiera Juan Fernando Quintero, el más talentoso y muy querido por la gente, estuvo a la altura de las expectativas depositadas en él. Y mucho menos Matías Kranevitter, de regreso de flojo, el ítalo-uruguayo Nicolás Fonseca y Juan Portillo, víctima de una rotura de ligamento cruzado.

Sin respuestas positivas en esos nombres que ostentaban carreras repletas de títulos o presentes auspiciosos, River ahora apuesta a la juventud de Tobías Andrada, procedente de Vélez Sarsfield. Con apenas 19 años, el mediocampista firmó su contrato hasta el 31 de diciembre de 2030 y puede ser una carta útil para diferentes roles al ser apto tanto en la función de interior como de volante abierto por la banda derecha. Sin embargo, su llegada contradice también la postura de Coudet, que minutos después de perder en La Plata contra Gimnasia exigió “tres o cuatro refuerzos más”, justificando su pedido en la necesidad de no apelar a los juveniles de River en determinadas posiciones.

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Ante ese escenario, sabiendo que cada vez es más difícil contratar a futbolistas probados y de actualidad destacada, River sumó a Andrada en una suma global que, objetivos incluidos, se acordó en US$ 11.034.482,76 brutos, según informó Vélez.

Mientras tanto, la entidad de Núñez sigue con el deseo de dar un salto de calidad mediante un enganche o al menos un volante que le aporte precisión quirúrgica, cualidad que Coudet no pudo aprovechar en Juanfer Quintero ni encontrar en el semillero de la institución. “Nos está faltando esa pelota filtrada, ese pase de gol. En River jugás en los últimos 30 metros, tenés que encontrar el pase distinto pero no nos está sucediendo”, evaluó el entrenador. Uno de los objetivos siempre fue Thiago Almada: sería una de las grandes apuestas, como lo fueron las llegadas de Otamendi, Tobías Andrada y Ángel Correa. ¿River acelera? Necesita hacerlo en la zona de volantes para volver a funcionar como equipo.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/river-mas-de-un-equipo-de-volantes-todas-las-contrataciones-en-los-ultimos-anos-y-en-la-zona-que-mas-nid02082026/

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