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Tenía ataques de pánico y ansiedad, pero un libro fue la clave para salir adelante: “Estaba perdiendo el control de mi mente”

“Fue una tormenta de pensamientos que desató ansiedad, pánico, miedo, angustia y mucho llanto. Un día se desencadenó una crisis que duró muchísimos meses, a tal punto de desconocerme. Habí...

Tenía ataques de pánico y ansiedad, pero un libro fue la clave para salir adelante: “Estaba perdiendo el control de mi mente”

“Fue una tormenta de pensamientos que desató ansiedad, pánico, miedo, angustia y mucho llanto. Un día se desencadenó una crisis que duró muchísimos meses, a tal punto de desconocerme. Habí...

“Fue una tormenta de pensamientos que desató ansiedad, pánico, miedo, angustia y mucho llanto. Un día se desencadenó una crisis que duró muchísimos meses, a tal punto de desconocerme. Había días en los que estaba en la cama y no quería salir. Sentía que nunca más iba a volver a ser la misma. Y de alguna manera así fue: nunca más volví a ser la misma. Desde ese día nada volvió a ser igual. Entré en una crisis profunda de identidad que venía acompañada de síntomas de depresión y ansiedad”.

En 2020, Emilia Trentin vivió su primera crisis de ansiedad, un momento que la dejó sintiéndose abrumada y sola. Con el tiempo, un tratamiento psiquiátrico le dio un diagnóstico claro (trastorno de ansiedad generalizada) y, paso a paso, encontró la fuerza para reconstruirse.

“Trabajaba, tenía una rutina, hacía lo que se esperaba de mí”

Su historia empezó con un quiebre profundo. Antes trabajaba en un estudio jurídico de Rosario (una especie de call center) dedicado a las cobranzas a morosos para una conocida empresa bancaria. Tenía 26 años y vivía sola, manteniéndose a sí misma. Su labor consistía en contactar a personas con deudas pendientes, bajo una presión constante para cumplir objetivos mensuales. Eso la incentivaba a seguir, porque no podía permitirse perder el empleo, pero al mismo tiempo el trabajo era agotador y agobiante.

Hasta que empezó con las crisis de ansiedad. “Trabajaba, tenía una rutina, hacía lo que se esperaba de mí. Pero por dentro algo no estaba bien. Sentía que estaba perdiendo el control de mi propia mente. Los pensamientos no paraban, el miedo aparecía sin explicación y entraba en un bucle del que parecía imposible salir”, confiesa.

“No quiero vivir así”

Emilia sentía que su mente era un torbellino imparable: no dejaba de inventar escenarios catastróficos y pensamientos oscuros, feos, que la asfixiaban. No sabía cómo apagarla, cómo encontrar un respiro. Solo al dormir parecía calmarse un poco, por eso muchas veces anhelaba pasar el día entero así, escapando. Las emociones disparaban pensamientos tóxicos, y esos pensamientos avivaban emociones igual de pesadas que sembraban un caos brutal en su interior, dejándola exhausta y perdida.

“Podía estar haciendo cualquier cosa para distraerme y mi mente me decía cosas como: ´No vas a salir de este lugar´, ´no vas a volver a ser la misma´, ´no quiero vivir así´”.

¿Por qué sentías que era imposible salir de esa situación?

Porque la mente no paraba. Mi cuerpo estaba en un lugar, pero mi cabeza no. Vivía atrapada en ese bucle constante que generaba cada vez más emociones desagradables.

¿Cómo influía todo eso en el trabajo y en tus relaciones personales, amorosas, familiares y laborales?

Influía muchísimo. Terminé una relación que desde afuera parecía perfecta porque la otra persona no lograba entender el proceso que estaba atravesando. Fue muy duro. En lo laboral muchas veces no quería trabajar y en lo vincular me costaba muchísimo contarlo. Sentía mucha vergüenza.

“Me sentía atrapada”

Había días en los que la angustia de Emilia era tan abrumadora que terminaba llorando sin saber bien por qué, sintiendo un nudo imposible de desatar. Una presión constante le oprimía el pecho, acompañada de un vacío profundo y difícil de poner en palabras. Se miraba al espejo y algo la estremecía: no se reconocía, como si esa imagen reflejada no fuera ella misma. En esos momentos, sentía que su vida se desmoronaba por completo. Pero, muy en el fondo, una intuición poderosa le susurraba que era hora de un cambio profundo.

“Sentía que me quería ir de donde estaba, que necesitaba cambiar de aire. Me sentía atrapada, pero al mismo tiempo también me sentía muy juzgada y observada por los demás. Las decisiones que quería tomar involucraban a muchas personas y eso me generaba mucha culpa”.

Primero, Emilia decidió dejar la ciudad donde vivía (Rosario, en plena pandemia) y abandonar la carrera de Recursos Humanos que estudiaba en el IESERH. Un día, simplemente no aguantó más. Como su DNI estaba en Concordia (Entre Ríos), le dieron permiso para circular. Le dijo a su pareja de entonces que se iba, que no sabía si volvería, porque necesitaba tiempo para sí misma, para sanar. Tomó un carpooling y partió casi sin nada, con muy poca ropa; solo quería escapar. En el instante en que se subió al auto, un alivio inmenso la invadió. Al llegar a la casa de sus padres, muchos lo vieron como un “retroceso” inexplicable, pero para ella era paz: se sentía tranquila y liberada por primera vez en mucho tiempo.

Sin embargo, lo que la ayudó a salir adelante fueron la escritura y la meditación. ¿De qué manera aparecieron en tu vida?

Cuando tuve mi primera crisis lo primero que hice fue llamar a una psicóloga. Después me uní a un grupo de yoga y meditación. Dentro de esas prácticas también había ejercicios de escritura. Estoy profundamente agradecida con mis profesores porque ese era el único momento donde sentía calma. Ahí entendí que mi cabeza solo frenaba en esos momentos y que, detrás de todo ese caos interno, seguía existiendo la calma.

La meditación me ayudó a aprender a observar mi ansiedad, mis pensamientos y mis emociones sin pelearme con ellos. A poder respirar en medio del caos interno. Y la escritura se convirtió en un refugio donde podía expresar lo que sentía, ordenar mi mundo interior y empezar a entenderme.

Emilia escribía los ejercicios que le proponían, volcando en el papel todo lo que bullía en su interior. En ese momento, no lo compartía con nadie; era algo profundamente íntimo y personal. Pero en 2024, sintió la necesidad de abrirse: empezó a compartirlo en Instagram, escribiendo sobre sus sentimientos y su proceso de sanación. También tomó muchos cursos. El libro que realmente le hizo “clic” fue El poder del ahora de Eckhart Tolle.

Para Emilia, fue fundamental el camino de autoconocimiento que le resultó transformador ya que le permitió darse cuenta de cuánto tiempo había vivido intentando encajar en expectativas externas, sin escuchar lo que realmente necesitaba.

¿De qué manera te transformaste?

A medida que fui recorriendo este camino de autoconocimiento, empecé a crear mi propio espacio. Antes sentía que no encajaba en ningún trabajo, que nada me llenaba. Trabajaba porque necesitaba el sueldo, pero no me hacía feliz. Hasta que me animé a crear un espacio donde acompaño a mujeres que están atravesando procesos similares al que yo atravesé. Además, hoy estoy cursando el segundo año de la carrera de Psicología, algo que amo profundamente.

A Iván lo conoció en Concordia. Con el tiempo, y con la llegada de Valentino, formaron una familia.

“Hoy puedo decir que soy feliz. No es un camino fácil, pero es un camino consciente, y eso lo hace profundamente distinto”.

Emilia acompaña a mujeres en su búsqueda interior mediante la meditación y la escritura, guiándolas con la misma ternura que un día se dio a sí misma. Lo que más la llena de su trabajo es ver cómo, del otro lado, una mujer se siente por fin acompañada, sin juicios, en medio de su propio torbellino. Ayudarlas a encontrar su mejor versión, esa que también las hace feliz.

Cuando alguien se acerca por ayuda, su mensaje es bien claro: “Que no ignoren esa voz interna que les dice que algo necesita cambiar. A veces, las crisis parecen el final de todo, pero muchas veces en realidad son el comienzo de volver a una misma”.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/tenia-ataques-de-panico-y-ansiedad-pero-un-libro-fue-la-clave-para-salir-adelante-estaba-perdiendo-nid18032026/

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